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Breflexión: ¿Y si fuera cuestión de cooperación?

Agosto de 2010


Lo que pensamos actualmente sobre la especie humanana no es casualidad, sino el fruto de la destilación lenta de algunas ideas durante los últimos siglos. En la edad media, era Dios el que imperaba, el responsable de la creación, el ser superior. A raíz de la ilustración, Dios quedó relegado a un segundo plano, y la razón y el "hombre" pasaron a ser los arquitectos de su propio futuro. Como consecuencia, la humanidad vivió la época de mayor desarrollo tecnológico, científico y de calidad de vida de los últimos siglos, acompañada de las mayores matanzas y masacres entre seres humanos que existió jamás, además de un uso responsable de los recursos que nos depara nuestro lugar de alquiler, del que disfrutamos mientras dura nuestra vida: el planeta tierra. A finales del siglo XIX, apareció la teoría de la Evolución, que venía a confirmar que somos una especie evolucionada fruto de la selección natural, una especie superior, la especie más fuerte que debería estar formada por individuos fuertes y útiles. Las consecuencias de estas ideas las vivieron, entre otras, las personas que murieron en el genocidio nazi, que practicó la eugenesia para perfeccionar la raza y luego derivó a los derroteros conocidos por todos.

A principios del siglo XXI, aparentemente las cosas han cambiado mucho, y a la perfección de la raza no parece ser relevante. Sin embargo, los que nos dedicamos a rascar por debajo de la cáscara del imaginario colectivo, sabemos que no es así. La diversidad humana sigue siendo mal venida en diferentes partes del planeta: las mujeres en China, los homosexuales en Irán y los diversos funcionales en Occidente, por poner algunos ejemplos. La rémora de la utilidad del ser humano racional, fuerte, superior y homogéneo, y la de la eugenesia siguen presentes hoy en todo el planeta. Y la ilustración y la teoría de la evolución tienen algo que ver en ello.

Imaginemos ahora que lo importante del ser humano no es su racionalidad y su fortaleza y su utilidad, sino su fragilidad, su diversidad y su capacidad de cooperación y su capacidad de amar, de crear y de imaginar. La razón perdería su lugar preponderante, sin dejar de ser útil, y quizá podríamos desmontar un imaginario colectivo que ha resultado tan útil como pernicioso para la humanidad. ¿Ciencia-ficción? No sé, pero hay biólogos que ya se empiezan a cuestionar el concepto de evolución como selección de las especies y la empiezan a mirar como cooperación.

Como ateo, no me hace falta concepto de Dios, pero como ser humano diverso me empieza a cargar tanta veneración a la racionalidad y la utilidad del ser humano.



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