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Breflexión sobre la vida en diversocracia

Mayo de 2006


Hoy me he despertado y me siento en Diversocracia. Lo más curioso es que es la primera vez que uso esa palabra, lo que quiere decir que me la he inventado o la he soñado. Pero no importa, en Diversocracia inventarse palabras está permitido. Es más, inventarse palabras, si es con el fin de desaprender lo aprendido, o inventarse una nueva manera de mirar una realidad, es lo que más nos divierte hacer en Diversocracia.

Creo que llevo unos cinco años aquí. Cuando llegué, no sabía muy bien a qué venía. Sólo recuerdo de qué huía. Lo otro, aquello que había aprendido, que nos habían enseñado, no era suficiente, no daba respuestas, no daba soluciones. Necesitábamos un nuevo sitio en el que ver las cosas de otra manera, en el que las ideas fuesen importantes, en el que las personas fuesen todas, en el que el pasado fuese importante, no determinante, en el que el futuro se viese como consecuencia del presente, en el que cada uno fuese parte de sí mismo y de todo, en el que nadie fuese más ni menos, en el de todo el mundo aprendiese a ser uno mismo con los ojos limpios del desaprendiz, en el que todo estuviese por construir, en el que todos pudieran participar, en el que las reglas fueran menos, en el que el movimiento fuese más, un sitio en el dinero fuese etéreo, un sitio en el que el poder fuese de uno, de cada uno.

En realidad no se si lo hemos descubierto o lo hemos inventado. Quizá estuviese siempre allí esperándonos, dejando que pasar al tiempo hasta que descubríamos la red que nos llevaría como carabela en ruta marina hacia un nuevo mundo. Un mundo diferente, el tiempo es distinto, su realidad se mueve sólo en mi cabeza y en la cabeza de todos aquellos que poco a poco en sus respectivas naves y redes van llegando a Diversocracia.

En Diversocracia pasan cosas raras. No existe la democracia. Las personas se ponen de acuerdo, pero no siempre. Una persona puede cambiar el rumbo de la mayoría, las mayorías no sirven de nada, el respeto impera sobre la tradición, la reflexión impera sobre la diplomacia. Ha habido gente que vino y se fue porque no supo sobrevivir a la ausencia de reglas y la construcción de un nuevo mundo basada en sólo dos ideas: respeto y sentido común. Respeto incluso a los que no tienen respeto, sentido común para que sea el más común de los sentidos. Razonamientos, argumentaciones, imaginación, inventos, historias. Todos ellos son las armas de guerra y los ladrillos de construcción. Las batallas dan lugar a la construcción, la construcción da lugar a nuevas batallas y a una Diversocracia distinta, mejor.

Nunca se vota en Diversocracia, sólo se opina. Unidos en una opinión, los habitantes de Diversocracia hemos visitado los Leones del poder para llevar ideas frescas en una nevera. Hemos sido recibidos en castillos y templos de poder rancio y teatral. Hemos abierto puertas empujando sólo con el soplo de la palabra trasvasada de Diversocracia al mundo real que existe tras mi teclado. Hemos abierto jaulas cerradas llenas de mitos vitales en calles desiertas, hemos visitado las cajas y dedales de control de masas y las letras impresas de los medios de dominación.

En este lado del teclado, los habitantes de Diversocracia no se ven a menudo, pero aprenden a respetarse, a apoyarse, a dar en vez de pedir, a sentirse iguales, a enriquecerse de las diferencias, a mirar la dignidad en el fondo de la vida del otro, a entrelazarse en la lucha contra las barreras monocolor, a mover juntos los molinos que dispersan a los vientos las nuevas ideas.

La vida en Diversocracia no siempre es fácil. Hasta hoy ni siquiera tenía nombre, ni siquiera sabemos si es un país, una idea, una manera de agrupar personas, una manera de funcionar o simplemente un sueño. Desaprender lo que ya habíamos interiorizado como lo mejor, es la parte más difícil. Respetar al que es diferente, inventar en vez de confrontar, pensar en vez de votar, desterrar la democracia, inventar la Diversocracia, hacer de la diversidad y la dignidad el eje de la construcción y la guerra, promover lo diverso inventando un pensamiento de tronco único y ramas fractales recurrentes que, en cada gota de nueva savia, renuevan el mismo tronco, pero lo hacen diferente mientras, aquel que puede, procura regar con agua de su color diverso para ver cómo será mañana.

No sé, Diversocracia es un sitio atípico, por eso hoy empiezo a saber cómo es y le he puesto un nombre.

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